Las aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla, no pueden competir con aceitunas baratas
La escena es esta: bar de barrio, mediodía tonto de entre semana, caña bien tirada y un platito de aceitunas que ha visto tiempos mejores. Verdes apagadas, textura de chicle cansado y ese regusto estándar de “fabricado en masa” que podría ser Sevilla, Estambul o Wisconsin.
Entonces, un día, pruebas una Manzanilla de Sevilla de verdad. Cruje al morderla, su amargor te despierta como un editorial bien escrito y entiendes, de golpe, que llevas años comiendo fotocopias de aceituna. La original estaba a quince minutos de coche… y no te habías enterado.
¿Te suena esa sensación de descubrir tarde que lo bueno siempre estuvo al lado, pero estabas distraído con lo barato?

El encuentro del 3 de diciembre: cuando nos miramos todos a la cara
El pasado 3 de diciembre, en Sevilla, cogimos todo este debate y lo sentamos en la misma sala. Bajo el lema “Orgullo de origen. Futuro compartido”, reunimos a más de un centenar de profesionales del sector: agricultores, cooperativas, industrias, distribución, hostelería, administración… y, sobre todo, gente que vive de y para la aceituna de mesa sevillana.
No fue una jornada más en el calendario institucional. Fue el momento de decir en voz alta, mirándonos a los ojos: o defendemos entre todos la Manzanilla y la Gordal de Sevilla, o permitimos que se diluyan en un mercado donde el origen se vuelve difuso y el precio lo devora todo.
Ese encuentro del día 3 sirvió para algo que a veces se pierde entre expedientes y normativas: recordar que detrás de cada decisión hay pueblos concretos, campañas de verdeo, familias enteras pendientes de que este modelo de olivar tradicional siga teniendo futuro. Y también para reafirmar que la IGP no es un papel, es una herramienta real para proteger lo que somos.
Todo lo que vas a leer a continuación —sobre precio, competencia desleal, olivar tradicional, valor humano y garantía técnica— no es teoría suelta: es, precisamente, lo que pusimos encima de la mesa en ese encuentro del 3 de diciembre. Fue, en cierto modo, el guion colectivo de un sector que no está dispuesto a que la aceituna sevillana acabe convertida en un producto anónimo más.
En el centro de todo estaban, como siempre, las aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla, que son las que dan sentido a cada decisión que tomamos como sector.
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Vídeo resumen del encuentro
Si te apetece vivir en unos minutos lo que compartimos el pasado 3 de diciembre en Sevilla, hemos preparado un vídeo resumen con los mejores momentos de la jornada: intervenciones, ambiente, pasillos llenos de conversación y, por supuesto, nuestras Manzanilla y Gordal de Sevilla como hilo conductor.
👉 Puedes ver el vídeo completo aquí:
De “producto del montón” a patrimonio vivo
En estos últimos cinco años, desde el Consejo Regulador de las IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla nos hemos empeñado en recordar que las aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla no son un relleno de tapa, sino un pedazo de identidad con hueso. Y lo estamos haciendo con una mezcla bastante seria de romanticismo agrario y escudo jurídico.
En un evento reciente en Sevilla, con título casi de manifiesto –“Orgullo de origen. Futuro compartido”–, juntamos a más de un centenar de profesionales del sector para decir, básicamente:
“Mira, o defendemos esto, o dentro de diez años estaremos comiendo aceitunas anónimas envasadas a 3.000 kilómetros, pero con banderita española en la etiqueta”.
La cosa no va solo de nostalgia. Va de números y de poder. La aceituna de mesa española es líder en exportaciones, llegando a 121 países, y detrás hay más de tres millones de peonadas al año; es decir, jornales, vidas, facturas y pueblos que siguen encendidos por la luz de una almazara o de una cooperativa.
Pero en mitad de esa fiesta de cifras aparece el villano habitual de nuestro tiempo: el precio. El tótem de lo barato. El mantra del “si hay algo más barato en internet, lo compro allí y punto”.
Y ahí es donde nuestro presidente, Juan Luis Oropesa, suelta una frase que sirve de tesis vital y de título de este post:
“No podemos producir aceitunas baratas, ni podemos competir con aceitunas baratas”.
¿Tiene sentido, no? Pretender que una aceituna verdeada a mano, de un olivar tradicional, con trazabilidad, controles, normas europeas y apellido geográfico, compita en precio con la aceituna genérica de un país donde el jornal se paga en propinas… es tan sensato como pedirle a un soneto que compita con un tuit.
La España del low cost también llegó a la barra del bar
Vivimos en la era de la mecanización intensiva, donde todo lo que no se pueda cosechar en modo “cosechadora + algoritmo” parece sospechoso de ser ineficiente. Y, claro, el campo sevillano lo ha notado. Desde el propio Consejo Regulador hablamos abiertamente de ese contexto: competencia feroz por el precio, importaciones de países terceros y olivos tradicionales que tienen que justificar su existencia día sí, día también.
Mientras tanto, en los lineales del súper, tú y yo miramos el precio por kilo y, a veces, nos da igual si la aceituna ha pasado por el “estilo sevillano”, ese método de elaboración que ha convertido a la Manzanilla y la Gordal en dos variedades casi míticas.
Porque sí, aquí hay técnica antes que poesía:
- un modo concreto de endulzado y fermentación,
- un tipo de olivar tradicional,
- y una zona geográfica muy precisa: la provincia de Sevilla.
Todo eso es lo que recoge la etiqueta IGP (Indicación Geográfica Protegida). No es un adorno para influencers foodies; es el equivalente gastronómico a un título nobiliario, pero ganado a fuerza de podas, verdeos y papeles.
“Gordal solo hay en Sevilla”… y las impostoras
Uno de los momentos más jugosos de nuestro relato llega cuando hablamos de la Gordal. La reina corpulenta de la tapa. La aceituna que te mira desde el plato como si supiera más de la vida que tú.
Resulta que en el mercado han proliferado lo que el propio Oropesa llama “exportaciones engañosas”: aceitunas grandes, de cualquier procedencia, comercializadas como “Gordal” porque el tamaño les da el pego. Pero no pertenecen a la variedad sevillana. Y ahí él insiste, y nosotros con él: “Gordal solo hay en Sevilla”.
La frase tiene algo de orgullo herido y algo de defensa legítima. Imagina que, de repente, cualquier vino espumoso del planeta empezara a venderse como “champán”. O que a cualquier jamón aceptable le pusieran “de Jabugo”. Pues con la aceituna pasa parecido, solo que sin escándalo mediático.
Añadamos a la ecuación la batalla jurídica por la Manzanilla, con otras zonas productoras reclamando su parte del pastel. El resultado es un paisaje donde la aceituna sevillana tiene que estar constantemente justificándose, como ese alumno brillante que, además, tiene que llevar las fotocopias de toda la clase.
El olivo tradicional frente a las placas solares
En una de las mesas redondas del evento, un productor de Arahal, Francisco Manuel Fernández, soltó una advertencia que suena a ultimátum: si se deja de verdear a mano, la aceituna de mesa tal y como la conocemos puede acabar desapareciendo.
Y añadió otra imagen que es casi una metáfora del país:
“No podemos cambiar un olivo tradicional por una placa solar”.
Nada contra las renovables, faltaría más. Pero la frase señala un peligro muy concreto de este 2025: la tentación de convertir cualquier hectárea “difícil” en un puzzle de paneles donde la renta es inmediata y el paisaje, prescindible.
Porque un olivo tradicional no es solo un dato en una hoja de Excel. Es:
- un tipo de mano de obra,
- una forma de ordenar el territorio,
- y un relato estético (sí, estético) de lo que entendemos por campo andaluz.
Cambiar eso por una estructura metálica que brilla al sol tiene lógica económica a corto plazo, claro. Pero culturalmente es como tirar una biblioteca entera para poner una pantalla gigante con Netflix.
El valor humano y la garantía técnica (no es solo un eslogan)
Aquí viene la parte bonita del guion. En ese mismo evento, la sommelier y comunicadora Mónica Rosón presentó la nueva imagen de los envases de las IGP Manzanilla y Gordal de Sevilla, construida en torno a una idea que hemos hecho muy nuestra: “El Valor Humano y la Garantía Técnica”. Todo ese esfuerzo se ve reflejado en las aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla, que son la mejor carta de presentación de nuestro trabajo diario.
Y es que ahí está la clave:
- Valor humano porque detrás de cada aceituna que llega bien colocada a tu tapa hay manos, decisiones, riesgos, madrugones y ese cansancio noble del trabajo físico.
- Garantía técnica porque la calidad no se sostiene solo con épica rural; se sostiene con normas, controles, laboratorios, certificaciones y una burocracia bien entendida que protege al que hace las cosas bien.
Para rematarlo, los alumnos de la Escuela de Hostelería de la Fundación Cruzcampo diseñaron un menú donde las aceitunas eran protagonistas en cada propuesta. Es decir, dejaron de ser “lo que te ponen mientras esperas” para convertirse en parte esencial del plato.
Si lo piensas, es una pequeña revolución cultural: subir la aceituna de categoría. Pasar de extra de fondo a personaje con texto.
Una IGP que no nace de un despacho
Hay un detalle nada menor: en el propio Consejo Regulador insistimos en que no nacemos de un despacho, sino del campo, de las cooperativas y de las empresas que se han negado a aceptar que la aceituna sevillana sea un producto más en la estantería.
Esta frase tiene algo de declaración de guerra contra la indiferencia. Porque en estos cinco años de andadura formal de las IGP, y en la década previa de preparación, nuestro trabajo ha sido precisamente poner nombre, apellido y origen certificado a un patrimonio vivo.
Mientras medio país discute en redes sociales sobre identidades abstractas, nosotros hemos ido al grano:
- ¿De dónde viene esta aceituna?
- ¿Quién la ha producido?
- ¿Bajo qué normas?
- ¿Por qué merece costar más que otra?
Y todo esto, insisto, en un contexto global donde lo barato manda, la etiqueta “mediterráneo” se estira como un chicle para vender cualquier cosa, y las importaciones de terceros países aprietan por abajo los márgenes de los productores locales.
2025: cuando una aceituna también es una decisión política
No nos engañemos: en plena crisis de precios alimentarios, con el aceite de oliva convertido casi en artículo de lujo y la cesta de la compra convertida en deporte de riesgo, hablar de pagar más por una aceituna puede sonar, como mínimo, provocador.
Pero la provocación, a veces, es simplemente decir la verdad:
si exprimes siempre el precio hacia abajo, alguien paga la diferencia.
Y casi siempre la pagan los mismos.
En el caso de las Manzanilla y Gordal de Sevilla, quienes pagan la factura de la carrera hacia lo barato serían:
- el agricultor que mantiene un olivar tradicional,
- el trabajador que verdea a mano,
- el pueblo que vive alrededor de esa campaña,
- y, a largo plazo, tú, que te quedas sin producto auténtico y te acostumbras a la aceituna clónica.
En otras palabras: la próxima vez que cojas un bote en el súper o aceptes una tapa en el bar sin mirar, estás votando. No a un partido, pero sí a un modelo de campo.
Volvamos a la barra: ¿qué aceituna quieres ser?
Imagínate ahora otra escena.
Terraza en Sevilla, luz de diciembre que parece de primavera –esas cosas del sur–, y el camarero te planta delante:
- una caña helada,
- un platito de Gordal de Sevilla con IGP, reluciendo en el plato, firmes, con ese tamaño casi insolente,
- el primer bocado: carne prieta, matices salinos, un punto amargo que limpia la boca y te recuerda que estás comiendo algo que viene de un árbol que lleva décadas creciendo ahí, no de una decisión logística tomada en una oficina cualquiera.
No es solo sabor. Es contexto. Es historia. Es, perdón por la cursilería, territorio en conserva.
Y frente a eso, la alternativa:
- aceituna genérica,
- sabor estándar,
- origen difuso,
- precio sospechosamente bajo.
La primera es más cara, sí. La segunda es más cómoda, claro.
Pero una te conecta con un paisaje; la otra, con un Excel.
¿Y ahora qué?
No hace falta que te mudes a un cortijo ni que te hagas experto en normativa europea para defender las aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla. Te proponemos tres gestos casi ridículos de sencillos, pero con bastante carga simbólica:
- Mira la etiqueta
Cuando compres aceitunas, dedica diez segundos a buscar:- si pone Manzanilla de Sevilla o Gordal de Sevilla,
- si aparece la IGP,
- si el origen es realmente Sevilla y no un “UE / no UE” genérico.
- Pregúntale al camarero
No hace falta montar un debate político en la barra, basta con: “Oye, estas aceitunas, ¿son Manzanilla o Gordal de Sevilla, sabes?”
Igual te mira raro. O igual no. Pero esa pregunta, repetida mil veces en mil bares, acaba llegando a quien hace la compra. - Acepta que la calidad cuesta
No tienes que elegir siempre lo más caro. Pero sí puedes decidir que, cuando te tomes una tapa de aceitunas en condiciones, prefieres pagar un poco más y saber que detrás hay un olivar tradicional que no se ha rendido a la placa solar ni a la aceituna genérica de catálogo.
Galería del encuentro: “Orgullo de origen. Futuro compartido”
Más allá de las palabras, el encuentro del 3 de diciembre se entiende de verdad cuando se ven las caras, las manos y las miradas de quienes llenasteis la sala. Agricultores, cooperativas, industrias, hostelería, administración… y, sobre todo, un sector que decidió pararse un día para pensar juntos hacia dónde vamos.
Hemos recopilado una selección de imágenes que resumen bien la jornada: los debates, las ponencias, los pasillos llenos de conversación y, cómo no, las aceitunas que nos acompañaron en cada pausa.








👉 Echa un vistazo a la galería completa del evento y búscate entre las fotos: ver álbum completo del encuentro
Preguntas frecuentes sobre la Manzanilla y la Gordal de Sevilla
1. ¿Por qué decimos que no podemos competir con aceitunas baratas?
Porque nuestro modelo no está pensado para eso. La Manzanilla y la Gordal de Sevilla proceden de olivar tradicional, con verdeo a mano, controles de calidad, trazabilidad y una IGP que garantiza origen y método de elaboración. Todo eso tiene un coste y, sobre todo, un valor. Si entramos en la guerra de precios con aceitunas genéricas de cualquier parte del mundo, el primero que desaparece es precisamente el productor que hace las cosas bien.
2. ¿Cómo puedo saber si las aceitunas que compro son realmente Manzanilla o Gordal de Sevilla con IGP?
Lo más sencillo es mirar la etiqueta con un poco de mala idea: debe aparecer claramente la referencia a Manzanilla de Sevilla o Gordal de Sevilla, junto al sello de la IGP. Además, el origen tiene que indicar la provincia de Sevilla, no un genérico tipo “UE / no UE”. Si falta todo eso pero el envase presume de “aceituna sevillana” o de “Gordal” a secas, es legítimo que desconfíes.
3. ¿Qué ganamos como consumidores apoyando a la Manzanilla y la Gordal de Sevilla con IGP?
Ganas mucho más que una buena tapa. Ganas sabor auténtico, textura y calidad constante; ganas mantener vivo un paisaje de olivar tradicional y un tejido rural que depende de la campaña; y ganas transparencia: sabes de dónde viene lo que estás comiendo y bajo qué normas se ha producido. A cambio, sí, pagas un poco más. Pero lo barato, en este caso, suele salir caro para el campo… y pobre para el paladar.
Para cerrar (porque la tapa no es infinita)
La historia de la aceituna Manzanilla y Gordal de Sevilla en estos últimos años es la historia de un sector –el nuestro– que ha decidido plantarse –nunca mejor dicho– contra la lógica brutal del “cuanto más barato, mejor”. Es también la historia de un territorio que se aferra a su manera de hacer las cosas, aunque le salga más caro explicarlo que producirlo.
Y tú, sin querer, eres parte del desenlace.
Cada vez que eliges qué aceituna entra en tu casa, estás decidiendo si este modelo de cultivo tradicional va a seguir existiendo o se convertirá en una nota a pie de página en un documento de la Unión Europea.
Así que te lanzamos la pregunta para rematar, con toda la mala leche posible:
La próxima vez que te pongan una aceituna delante,
¿vas a comerte lo barato… o lo que merece la pena defender?
Cuéntanoslo: ¿eres de fijarte en la procedencia de lo que comes o te guías solo por el precio? Nos encantará leer tus manías aceituneras en los comentarios. 🫒🍺

Campaña promovida por el Consejo Regulador con el apoyo de la Junta de Andalucía








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